Te levantas cada mañana pensando en el día que vas a
comenzar, en que tienes que hacer, a quienes vas a ver, que te va a pasar… Sin
pensar apenas en el futuro, y así cada día de tu vida. Vives los días alegres,
tristes, aburridos, duros, fáciles y rápidos… pero no piensas que ese día ya se
ha acabado y no vas a volver a vivirlo, porque ya no vas a retroceder en el
tiempo físicamente. Ya está, se acabó, fin del día; fin del juego.
Lo peor de esto es que no lo piensas, no te paras a decir
“aprovecha el hoy que mañana será otro”. Y de esto no te das cuenta hasta que
un día algo sucede, algo que te marca un cambio fuerte en tu vida, un cambio
que te ocupara noches sin dormir, tardes melancoliosas, conversaciones en
lagrimas; porque el día menos esperado la vida te dice “se ha acabado”.
Así que voy a decir dos cosas: primero; perdón, perdón por haberos juzgado mal. Y
segundo; gracias, gracias por haberme sacado esas sonrisas, gracias por ser
como sois.
Y toméis la decisión que toméis, será correcta e incorrecta
a la vez, porque todo es relativo.
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