domingo, 21 de febrero de 2016

Nuestro juego fácil

Lo nuestro fue fácil.
Un juego.
Éramos dos seres solitarios, sin nadie al lado.
Es muy fácil dejarse llevar, y es fácil que el roce haga chispa.
Lo difícil es controlar el fuego.
Pero de eso no tuvimos que preocuparnos,
porque pasó,
solo creamos una pequeña chispa,
lo suficiente como para jugar un rato con ella.
Y es que es fácil actuar por instinto
y sin pensar.
Y que lo nuevo atrae
y la soledad busca compañía.
Lo fácil cansa,
bueno,
eso a nosotres que somos de esta sociedad.
Pero entonces,
sí,
lo fácil cansa porque nos van los retos.
Nunca fuimos un reto el uno para el otro.

Solo son factores que explican nuestro juego.
Un juego breve, divertido y comprensible
desde mi parecer.
Pero un juego acabado.

Sociedad rápida del siglo XXI

Le ví llegar y
le ví irse.
Así funcionan las personas del siglo XXI,
llegan y se van.
Y se van 
y no vuelven.

Porque nos es tan fácil aparecer
y desaparecer ahora mismo que
adiós.
Sin más, se pierde
como el humo entre el humo, 
imposible de diferenciar.

Es un tema de velocidades,
todo ahora es breve
y poco
rápido, veloz.
Igual que se añade conocimiento 
se quita.

Vivimos en una sociedad
de prisas
De comida rápida,
de sentimientos rápidos.

De aprendo, escupo
en el examen
y olvido.
De quiero,
me aburro
y paso.
De viajo,
lo veo,
y vuelvo.

Es real, es así
es la sociedad del siglo XXI.

Dedico un verso

Dedico un verso a una persona,
una persona que está y estuvo,
hace poco que empezó a estar.

¿Estará? quién sabe.

Se sabe que está,
entonces hablemos del ahora
y del ayer ya ¿para qué?
Del hoy, del presente
existe ahora, está
y es
y es esa persona
que está ahora y
...
Da igual.

Empatía

Se siente un dolor en el pecho, como si se te comprimiera el corazón, dicen.
Yo creo que es la presión, que psicologicamente la enfocamos al corazón y por eso sentimos ahí el dolor. La presión de aquello que nos enturbia la mente, las nubes que negativamente afectan sobre nuestro estado de ánimo.

La empatía, es un problema. Ventaja he oído decir. Para mí no lo es. Soy demasiado empática, y nunca he visto que fuese algo conveniente, visto que me afecta a mí y a los que me rodean. Si alguien te cuenta un problema, es para que le ayudes, se supone. Pero si ese problema se convierte en mío, debido a la "empatía", dejo de poder ayudar a esa persona desde un punto objetivo.
Y bien, he aqui el problema, cuando no es una, sino dos personas las que te dan malas noticias, se meten en la cabeza y se vuelven en mi contra, y claro, el mecanismo del humano es tan maravilloso...
¿A quién no le ha pasado? eso de estar mal por un hecho y que solo se te aglomeren hechos negativos. Es la montaña de un granito de arena, solo crece.

Y así es, mis querid@s lectores, mi cabeza es un cúmulo de pensamientos negativos potenciados por los pensamientos negativos de otras mentes, a las cuales yo debería aportar alegría, pero como digo, la empatía es a veces, superior a mí.