-¿Como os conocisteís?- me preguntó. Entonces le sonreí, le miré y le dije:
Era un chico corriente, con una vida corriente, pero tenia miedo, un miedo peculiar. Yo nunca habia conocido a alguien con este miedo. Se lo contó a sus padres, quienes decidieron llevarle al psicólogo. Él le explicó al médico psicólogo su miedo, se lo dibujó, se lo expresó... Entonces el especialista le dijo -¿le temes a los sombreros?- él se quedó paralizado, triste, deprimido, no lograba entender como un médico especialista en psicologia no captaba lo que le intentaba explicar, no entendia como una persona, supuestamente con estudios, era capaz de decir semejante cosa. "¿Sombreros, miedo a un sombrero?".
Entonces recurrieron a otro experto, cuya reacción fue practicamente la misma. Y así, de psicólogo en psicólogo, solo sacaban conclusiones erroneas de sombreros y objetos inanimados.
Entonces recurrieron a otro experto, cuya reacción fue practicamente la misma. Y así, de psicólogo en psicólogo, solo sacaban conclusiones erroneas de sombreros y objetos inanimados.
Entonces fue cuando nos conocimos, estaba en una tienda de calcetines. La mayor tienda de calcetines de Madrid, era enorme, tenia estanterias hasta el techo repletas de calcetines de todos los colores, de todos los tamaños... Había azules, blancos, rojos, a cuadros, a rayas, con dinosaurios, con flores, largos y cortos, con dedos y sin dedos... Todo cuanto pudieses imaginar estaba alli, habia escaleras altísimas por las cuales podias llegar a los cajones mas altos... Era un mundo colorido y maravilloso.
Fue entonces cuando observando un par de calcetines un chico se me apareció por delante, me preguntó si iba a comprarlos, le dije que sí. Una sensación extraña recorrió mi cuerpo en aquel curioso instante, asi que de un momento para otro comenzamos a hablar. El chico me contó su curioso miedo.
Y le entendí, entendí su peculiar miedo. Resulta ser que ese chico tenía miedo de una serpiente boa, una serpiente boa con el tamaño y capacidad suficiente para digerir a un elefante; sí, un elefante entero. Aquello era curioso ya que nunca antes nadie me habia hablado de semejante temor. El chico se rió al ver que yo entendía su miedo. Le agradó que no me burlase de él, incluso le sorprendió que no dijera que su dibujo era temor hacia un sombrero.
Fue entonces cuando observando un par de calcetines un chico se me apareció por delante, me preguntó si iba a comprarlos, le dije que sí. Una sensación extraña recorrió mi cuerpo en aquel curioso instante, asi que de un momento para otro comenzamos a hablar. El chico me contó su curioso miedo.
Y le entendí, entendí su peculiar miedo. Resulta ser que ese chico tenía miedo de una serpiente boa, una serpiente boa con el tamaño y capacidad suficiente para digerir a un elefante; sí, un elefante entero. Aquello era curioso ya que nunca antes nadie me habia hablado de semejante temor. El chico se rió al ver que yo entendía su miedo. Le agradó que no me burlase de él, incluso le sorprendió que no dijera que su dibujo era temor hacia un sombrero.
Aquella tarde, en aquella tienda, junto a aquel par de calcetines amarillos moteados, conocí a la persona más genial del mundo. Conocí al chico que cambió mi vida para siempre. Y desde entonces me he dado cuenta de que yo también le temo a esa serpiente boa.
Y bueno, esa es la historia de como nos conocimos. -¿Y qué pasó con los calcetines?- preguntó.
Con los calcetines, como no acabos de convencernos de quien se llevaba el par, nos llevamos uno cada uno. Y ahora él tiene la pareja de mi calcetín amarillo moteado.
Con los calcetines, como no acabos de convencernos de quien se llevaba el par, nos llevamos uno cada uno. Y ahora él tiene la pareja de mi calcetín amarillo moteado.