Soy la niña que colecciona bambús desde pequeña, la que lleva los calcetines chillones.
Soy esa que desde corta edad admiraba a las chicas skaters.
La que llevó su época de rebeldía a los 12 años.
Soy la chica que tuvo que esperar seis años hasta que le permitieran hacerse mechas de colores.
Quien pasó de querer ser veterinaria a directora de cine.
Soy esa adolescente que suspende sin porqués.
La castaña esa que finge dominar tres idiomas, y admira Catalunya.
Soy esa chica sin religión, contra el racismo y el machismo.
La niña a la que le gusta llevar la contraria al mundo y que no le den órdenes.
Quién no cree en la anarquía, pero apoya la libertad.
La muchacha que escribe desde que su conocimiento le permite, y que lleva deseando editar un libro desde los 10.
Soy a quien nunca se le dieron bien las matemáticas.
La que intentó ser gótica en un año de locura.
Quien ama viajar y ha visitado un tercio del mundo.
La que vivía detrás de la cámara cuando podía.
Esa que no le gusta la navidad. Esa que siempre está riendo, a quien alegra la lluvia.
Aquella que tiene los ojos verdes, y come chicles de menta desde hace poco.
Soy la niña cuyos padres no quieren ver crecer, tras haberla visto hacer 8 extraescolares distintas a lo largo de su vida.
Soy la mujer que sueña con tener su casa y trabajo sin depender de un hombre.
La que se pasa los veranos sobre una tabla de windsurf.
Soy la hija que siempre iba con los cascos y la música a tope. Soy quien mi hermana describe como "genial". Esa que se pasa el día comiendo.
La que finge ser alguien, pero no es nadie.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
domingo, 15 de diciembre de 2013
Helena Bonham Carter
Helena Bonham Carter: "Me llevó tiempo asumir que soy una mujer con curvas"
Paradojas de Hollywood: rechaza sin pelos en la lengua los estereotipos de belleza del cine y pronto encarnará a Elizabeth Taylor para televisión.
Una mujer real. «Muchos se sorprenderían al saber, por ejemplo, que me encanta cocinar. Cuando era más joven estaba siempre a dieta, obsesionada con mi imagen y todo eso. Pasado el tiempo, te cansas de estar constantemente intentando encorsetarte en una cierta imagen. Ahora prefiero tener curvas. Me ha llevado tiempo contar con la suficiente confianza para entender que soy una mujer y no obsesionarme por lo que otros piensan acerca de mi apariencia. Ahora no me preocupo por ese corsé que impone que, por ser actriz, tienes que ser una sex-symbol». Y eso, obviamente, deja pista libre a meterse en la cocina y disfrutar entre fogones.
«Tim tiene muchas cualidades, pero la cocina no es una de ellas. Así que le dejo que prepare las bebidas. La cocina me relaja. Colecciono libros de recetas y me encanta lo de preparar un plato, reunir todos los ingredientes y tomarme mi tiempo para hacerlo. Guardo los recetarios en la mesilla de noche y, a menudo, intento encontrar sugerencias interesantes de los grandes chefs antes de irme a dormir».
A sus 47 años, una edad crítica para muchas actrices de su generación, le siguen llegando papeles por los que suspiran muchas compañeras de profesión. Y mientras aún resuenan los aplausos de la crítica por su interpretación como miss Havisham en el remake deGrandes esperanzas, la actriz ya anuncia el próximo estreno de Burton and Taylor, un telefilme para la BBC en el que saca su lado más femenino para encarnar a la incombustible Elizabeth Taylor. Con su trayectoria cuesta creer que no es actriz de carrera. Nunca estudió arte dramático. Lo suyo es casi accidental.
Desciende de una distinguida familia británica cuyo tatarabuelo fue el primer ministro H. H. Asquith. Pero acabó interpretando las vidas de otros. Y, durante una etapa, eso la hizo sentir insegura. «Con el tiempo he ganado autoconfianza. De joven creía que no me merecía tener ese éxito. Estaba demasiado expuesta. Llegué a paralizarme con mis propias dudas. Ahora sigo siendo bastante crítica conmigo misma, pero me he relajado. No me tomo las cosas tan a pecho y mi vida es mucho más rica. Actuar, en el fondo, es hacer como que eres otra persona. En nuestra sociedad hay mucho de interpretación. Y yo hago eso, actuar. Me pagan mucho dinero por este trabajo, así que he de ser responsable y tomármelo en serio. Pero, a la vez, me digo: ‘¡Dios, no se trata de ganar un Premio Nobel!’».
¡Sinceridad al poder!
Sinceridad al poder.
Eso es lo que soy yo,
el desastre en persona,
la sinceridad personificada.
Soy la persona más sincera que he conocido en mi vida, se me da mal mentir, bueno, en realidad si digo pequeñas mentirijillas suelen salirme bien, pero eso es en escasas situaciones. La mayor parte del tiempo sufro el llamado (que yo he nombrado) "síndrome de la verdad"; aquel que te prohíbe guardar mentiras en tu interior y te lleva a ser impulsiva.
Digamos que si quiero algo, lo digo, y si no lo quiero, también. Si te odio y me caes fatal, tranquilo, te lo diré. Si te quiero y me caes muy genial, te lo diré. Si suspendo todas las asignaturas del curso, te lo digo. Y si voy a atracar un banco, lo sabrás también. Soy como una puerta abierta para los sentimientos y las verdades de mi ser.
Luego descubrir lo que pienso a veces puede ser muy sencillo si me haces la pregunta adecuada.
Soy el libro del "sin pelos en la lengua". Muchos podrían decir que eso lleva a problemas, pero por el contrario, a mí no. Y si hay algún problema es conmigo misma, no con quien le haya dicho ciertas verdades.
Eso es lo que soy yo,
el desastre en persona,
la sinceridad personificada.
Soy la persona más sincera que he conocido en mi vida, se me da mal mentir, bueno, en realidad si digo pequeñas mentirijillas suelen salirme bien, pero eso es en escasas situaciones. La mayor parte del tiempo sufro el llamado (que yo he nombrado) "síndrome de la verdad"; aquel que te prohíbe guardar mentiras en tu interior y te lleva a ser impulsiva.
Digamos que si quiero algo, lo digo, y si no lo quiero, también. Si te odio y me caes fatal, tranquilo, te lo diré. Si te quiero y me caes muy genial, te lo diré. Si suspendo todas las asignaturas del curso, te lo digo. Y si voy a atracar un banco, lo sabrás también. Soy como una puerta abierta para los sentimientos y las verdades de mi ser.
Luego descubrir lo que pienso a veces puede ser muy sencillo si me haces la pregunta adecuada.
Soy el libro del "sin pelos en la lengua". Muchos podrían decir que eso lleva a problemas, pero por el contrario, a mí no. Y si hay algún problema es conmigo misma, no con quien le haya dicho ciertas verdades.
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