Salir de la rutina diaria, alejarse de la realidad por unos dias, sumergirse en un mundo fantastico y distinto.
Irse con los amigos a pasar unos dias alejados de la sociedad, de la gente común de cada día, conocer algo nuevo. Pasar tiempo juntos y hacer que cada día sea especial, con ganas de olvidar, con ganas de evasión.
Vives como si no hubiese un mañana, te tiras al vacio en cualquier situación; estas aislado, apagas el telefono, dejas a un lado la comunicación. Te olvidas por completo de lo que ves cada dia. Pasas absolutamente de todo, ya nada importa, ni tu aspecto, ni tus comentarios, ni tus acciones. Al fin y al cabo estas en un lugar nuevo, donde nadie te conoce y si alguien te conoce, son ese grupo de personas con los cuales todo es indiferente.
Pero tras este momento de evasión, llega el regreso, llega el dia en que tienes que volver, volver a la rutina, a ver a aquellas personas que ves cada día, vuleves a tener que estudiar, a tener que pensar antes de actuar. Es volver a ese sitio donde hagas lo que hagas te juzgarán, donde debes comportarte de un modo adecuado. Donde están tus padres para decirte lo que debes hacer y lo que no.
La verdad, estar en aquel planeta era una sensación de irresponsabilidad, de libertad. Podía olvidarme de todo, dejar de ver a esas personas que día a día condimentan mi vida, esas personas que tan solo su presencia me hace un lio en la cabeza, me hace pensar demasiado.
Alli no tenía problemas, y por mucho que quiera a tantas personas, el hecho de no verlas me era placentero. Me hubiera gustado desaparecer y no volver a verlas nunca más.
Y meterse bajo el agua, aguantando la respiración hasta que el cuerpo te lo permitiese, enterrar los pies bajo la arena, oir el sonido del mar... sin pensar en nada, en nada absolutamente.
Pero había que volver.
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