Queridos lectores, os quiero adelantar hechos. Cuando muera, ese día en el que fallezca (ese día en el cual podríamos poner un adjetivo delante, pero será tan relativo para cada uno que prefiero hacerlo neutro, no poner ese triste día o ese feliz día...)
Bueno, cuando ese momento llegue, tenga la edad que tenga, ya sean 17, 40, o 90 años, sea cual sea mi edad vital, quiero: quiero que mi cuerpo sea incinerado, y después prácticamente después, que no pasen mucho tiempo las cenizas en el bote, porque no me gusta estar encerrada.
Quiero que tiren mis cenizas. La mitad al mar, que se las lleve el agua. Y la otra mitad, lanzadlas desde el monte más alto, desde ese lugar donde solo de oye la libertad. Y allí tiradlas y que el viento se encargue.
Eso es lo que quiero que hagáis cuando muera, cuando mi cuerpo se haga inútil y mi corazón ya no lata. Si voy a morir que sea así.
No quiero pasarme el resto del tiempo encerrada bajo tierra, en la oscuridad mientras mi cuerpo es alimento de las bacterias y otros seres. Y tampoco quiero en cenizas guardadas en un frasco sobre una bonita estantería a modo de adorno, porque no lo soy.
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