Me agradan esos pequeños detalles que caracterizan su personalidad, así como su infinito odio a las matemáticas. Ya cuando teníamos once años, cuando aprendíamos a dividir... o con las simples fracciones, limitaba sus notas a seises. Nos sentábamos juntas en la parte trasera de la clase y hablábamos como no hay dos, la profesora no hacía más que mandarnos callar.
Sabes quien es porque oyes su risa y la reconoces, porque la ves tan coqueta con su largo pelo castaño que no dudas. Es una de esas personas que dejan huella en tí, y si la cuidas, la huella puede ser eterna. La sensibilidad que la caracteriza la hace especial, pues una simple frase puede hacerla reir, o llorar, pero para eso esta su carácter, para hacerse respetar ante cualquier ofensa, ¡y vaya si lo tiene!
Hablemos de sus pasiones, el chocolate. Oh el chocolate, su perdición, como los hombres, bien formados, altos y musculosos -otro gusto que nos diferencia-. Pero a pesar de todas estas diferencias, tenemos mil similitudes: hemos estudiado en los mismos centros, pisado las mismas fiestas, bebido de la misma botella, hemos compartido secretos y risas, y casualmente, nacimos con dos días de diferencia.
Esta de quien os hablo, es una de esas chicas que puede sorprender a quien quiera conocerla, una persona que puede ser la más borde, o si te acercas, te parecera la más simpática. Una buena compañia para charlas o paseos, una buena compañera para vivir la vida a lo loco pero con coco, porque se puede desfasar, sabiendo lo que se hace...
Hago mención a una de sus más reconocidas citas, cita que mi misma madre le aportó a su conocimiento; los que tienen que estar juntos, se van a juntar (o algo parecido).
No tengo nada más que decir, porque tengo tanto que decir de ella, que esto simplemente debía ser una introducción, y si quereís conocerla un poco más, buscadla por las calles, con un tinto en mano, o a mi lado.
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