Sinceridad al poder.
Eso es lo que soy yo,
el desastre en persona,
la sinceridad personificada.
Soy la persona más sincera que he conocido en mi vida, se me da mal mentir, bueno, en realidad si digo pequeñas mentirijillas suelen salirme bien, pero eso es en escasas situaciones. La mayor parte del tiempo sufro el llamado (que yo he nombrado) "síndrome de la verdad"; aquel que te prohíbe guardar mentiras en tu interior y te lleva a ser impulsiva.
Digamos que si quiero algo, lo digo, y si no lo quiero, también. Si te odio y me caes fatal, tranquilo, te lo diré. Si te quiero y me caes muy genial, te lo diré. Si suspendo todas las asignaturas del curso, te lo digo. Y si voy a atracar un banco, lo sabrás también. Soy como una puerta abierta para los sentimientos y las verdades de mi ser.
Luego descubrir lo que pienso a veces puede ser muy sencillo si me haces la pregunta adecuada.
Soy el libro del "sin pelos en la lengua". Muchos podrían decir que eso lleva a problemas, pero por el contrario, a mí no. Y si hay algún problema es conmigo misma, no con quien le haya dicho ciertas verdades.
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