El hecho de que su collar de perlas plateadas haga destacar el blanco pulido de su suave piel, no quiere decir que sea perfecta. De hecho, tengo la impresión de que aquel vestido que llevó en el baile no era si quiera, de verdadera seda italiana, como decía ser. Añadiendo, esas medias no nuevas, sino ya estrenadas, de tanto que de piernas presumía, porque nadie se fijó al parecer, en sus estrias camufladas por el doblez de la prenda.
Incluyo en mis apuntes, el quemado cabello que llevaba, sino es de tanta plancha que alguien me lo expique. Ese maquillaje corrido y descuidado; maquillaje de llegar tarde y a prisa en el coche. ¿Escote? ¡valgáme el cielo! que escote ni escote, cualquiera presenta esa voluminosidad llevando un vestido tres tallas por debajo de la adecuada, y obviamente, añadir el detalle del sujetador de leopardo. ¿Para que llevar bolso cuando el móvil se puede guardar sensualmente entre seno y seno? Sí, que os parecera una buena escusa para incar ojo. ¿Cuántos? ¿fueron cinco los chicos con los que compartió saliva? Si no me equivoco, era el novio quien la llamaba cada media hora por teléfono...
Fue un simple baile de despedida, una fiesta amistosa para pasar la tarde del principio de un largo verano de vacaciones. Pero eso no quita la insolencia de esta jóven. Pues no es escusa una siemple quedada, la actitud siempre cuenta.
Que sí, que de oro se pinta, pero es de plástico blando por dentro. Quien la viera en su desnudo, sin maquillaje ni florituras, en su pleno despertar, sin plancha por el pelo, ni sujetador levanta pechos. Quien la viera tras nacer, inocente y sin pecado, y ahora quien la vé que lo primero en preguntarse, es el precio de sus noches.
Que por mucha pintura que destaque el color de sus cristalinos ojos, que por collar de perlas plateadas que haga destacar el blanco pulido de su suave piel, no es tan de oro. Y bien lo saben los que han probado amor en gente así, buscando un solo tú y solo yo.
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